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Mi bote de grasa de vaca: la verdad sobre este bálsamo de sebo de vainilla bourbon

2026-01-15 · Bourbon Vanilla

Es que no sé ni cómo empezar. Estaba ahí, en el baño, tipo 11 de la noche. Había lavado la cara con esa cosa verde que compré en el súper. Mi piel estaba tirante, como siempre en invierno. Hace un frío raro este año, ¿no? Como seco. Y entonces vi el tarrito. El de grasa. De sebo de vaca, para ser exactos. Suena raro, lo sé. Yo también puse cara rara cuando lo pedí. Pero bueno, ahí estaba. El bálsamo de sebo batido, de vainilla bourbon. Lo abrí.

Huele. No sé. A vainilla, pero no a helado. Más como… a galleta recién hecha que se ha quedado un poco en el horno. Algo así. No es dulzón. Es agradable. Cálido. Me metí un dedo. La textura es rara. No es una crema. Es como… manteca de cacahuete batida, pero más firme. O como la nata montada que hacía mi abuela. Se derrite con el calor de los dedos al instante. Froté un poco entre las manos.

Cómo terminé usando grasa de vaca en la cara

La historia es tonta. Mis manos. Siempre se me agrietan en invierno. Probé de todo. Cremas carísimas, de farmacia, de esas que huelen a hospital. Nada. La piel se abría igual. Y un día, aburrida, buscando en internet “piel de cocodrilo remedio”, me salió un foro. Hablaban del sebo. Del tallow, en inglés. De la grasa de la vaca. Decían que era lo más parecido al sebo humano, que nuestra piel lo reconoce y lo absorbe de verdad. Que no tapa los poros. Sonaba a brujería, la verdad. Pero también a sentido común. Nuestros abuelos usaban manteca de cerdo para todo, ¿no?

Así que, un martes por la noche, con una cerveza en la otra mano, me metí en Etsy. Encontré una tiendita francesa. El bálsamo de sebo batido, hecho con grasa de vaca alimentada con pasto. Lo de “batido” me convenció. Suena menos a bloque de grasa y más a algo… usable. Elegí el de vainilla bourbon porque el nombre daba calor. Lo pedí. Esperé. Cuando llegó, el paquetito era mono. El tarro de cristal, pequeño. Pensé: “¿He pagado por esto?”.

Mi rutina con el bálsamo de sebo (cuando me acuerdo)

No soy de rutinas perfectas. Algunas noches me lavo la cara con agua y ya está. Otras, me pongo mascarilla y me olvido de ella hasta la mañana. Pero este tarrito se ha colado.

Lo uso más que nada de noche. Después de la ducha, con la piel aún un poco húmeda. Cojo una cantidad minúscula, del tamaño de un guisante. Menos, incluso. Lo caliento entre las yemas de los dedos. Se vuelve casi aceitoso al instante. Y entonces me lo paso por la cara. Por las mejillas, la frente, el cuello. Evitando los ojos, obvio. Al principio, queda una película. Un brillo. Como si te hubieras untado mantequilla. Pensé: “Voy a despertar con la almohada pegajosa y granos por todos lados”.

Pero no. En serio. En unos minutos, ese brillo desaparece. Se absorbe. No es magia, es que la piel se lo traga. No queda pegajoso. Mi cara por la mañana está… tranquila. No brilla como un donut. No está tirante. Está suave. No “suave suave” de anuncio, sino suave de verdad. Como la piel de dentro del brazo. Eso.

A veces, en pleno día, si estoy teletrabajando y noto que las manos me pican, me doy un poco en los nudillos. En los codos, que siempre los tengo como papel de lija. Funciona. No es instantáneo, no es un milagro. Es como darle de comer a tu piel algo que necesita. Y ya.

La parte rara (y por qué sigue en mi estante)

Lo más gracioso es el olor. Mi novio entró en el baño una noche y dijo: “¿Estás haciendo galletas?”. Le tuve que enseñar el tarro. Puso la misma cara que yo puse al pedirlo. “¿Eso es grasa?”. Sí. Es grasa. Pero no huele a cocina, huele a… a algo reconfortante. A madera vieja y vainilla. No es perfume. Es un olor que se queda contigo un rato y luego se va. No es invasivo. Es como el olor a lluvia en el campo. Está ahí, y te gusta que esté.

Y mira, he tenido cremas que huelen a rosas carísimas y luego no hacen nada. Esta huele a galleta humilde y hace más que todas juntas. La ironía.

Otra cosa: un poco sirve para mucho. Este tarrito pequeño me está durando una barbaridad. Desde noviembre. Y lo uso casi a diario. Eso también mola. No es un producto que tengas que reponer cada mes. Es como un compañero tacaño pero eficiente.

Preguntas rápidas que me suelen hacer

¿Es bueno el sebo de vaca para la cara? Pues sí, al menos para mí. La explicación que leí, y que tiene sentido, es que la grasa de la vaca (el tallow) es muy parecida a los aceites que produce nuestra propia piel. Nuestro cuerpo la reconoce, por eso la absorbe tan bien y no la rechaza. No es un químico raro, es algo… ancestral. Suena místico, pero en el fondo es pura biología.

¿El bálsamo de sebo tapa los poros? En mi experiencia, no. Al revés. Las cremas densas y con siliconas a mí me dejan la cara como asfixiada. Esto, al absorberse tan en profundidad, no se queda ahí encima formando una capa que no deja respirar. Si usas una cantidad normal (muy poca), desaparece. No es comedogénico. Pero, como con todo, cada piel es un mundo.

¿A qué huele el bálsamo de vainilla bourbon? Joder, es difícil de describir. No es vainilla de postre. Es más… profundo. Como si mezclaras vainilla con un poco de madera, con algo tostado. Es cálido. No es dulce empalagoso. Es el olor que tendría una cabaña en el bosque en invierno, si en esa cabaña hicieran galletas. Es reconfortante. A mí me relaja. Parece una tontería, pero ese momento de ponértelo antes de dormir se ha vuelto un pequeño ritual. Huele a calma.

Al final, no tengo una historia espectacular. No es que mi piel haya rejuvenecido 20 años. Es que ya no me duele la cara cuando hace viento. Que mis manos no sangran en febrero. Que tengo un tarrito en el baño que, cuando lo abro, me recuerda a las galletas de mi abuela y luego hace su trabajo en silencio. Es raro. Pero funciona. Y al final, eso es lo único que importa, ¿no?

Si tu piel está pasando un mal invierno, o si simplemente tienes curiosidad por probar algo que no viene en un frasco futurista, quizá merezca la pena echarle un vistazo. Yo conseguí el mío en una tiendita de Etsy que los hace a mano en Francia. No voy a poner el nombre porque esto no es publicidad, pero si buscas “whipped tallow balm bourbon vanilla”, te sale. Es pequeño, sencillo, y hace más de lo que promete.

Y ya. Mi gato me está mirando raro porque llevo media hora tecleando en el teléfono. Creo que quiere su cena. Así que eso. Rutina con bálsamo de sebo: prueba, no esperes milagros, y a lo mejor te sorprende. Como a mí.

Whipped Tallow Balm - Bourbon Vanilla

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