La verdad sobre esa crema de sebo que huele a vainilla: mi piel en invierno
Estaba ahí, en el sofá, con la calefacción haciendo ese ruidito de clic-clic que hace cuando se enciende. Mi cara. Dios. Parecía un mapa de carreteras secas. Había gastado como cuarenta euros en una crema de una farmacia francesa, la que huele a rosas y viene en un frasco de vidrio pesado. Nada. Cero. Mi piel la absorbía en dos segundos y seguía tirando, como si le hubiera dado un chicle en vez de hidratación. Fue entonces, medio por desesperación y medio por aburrimiento de ver los mismos anuncios, que me topé con esto del tallow balm. Sebo de vaca. Para la cara. Lo leí tres veces.
Suena raro, ¿no? Lo pensé. Pero mi piel ya estaba en modo rebelión total, así que dije: qué más da. Pedí uno, el de Bourbon Vanilla, de una tiendita en Etsy. Aquí empieza lo bueno.
Cómo empecé a ponerme grasa de vaca en la cara
Tengo que ser honesta, el concepto me dio un poco de cosa al principio. Mi rutina de skincare natural era más bien… comprar cosas que dijeran “natural” en el envase. Aceites, mantecas, cosas así. Pero sebo? Eso es para velas o para cocinar, pensé. Pero luego leí por ahí, en algún blog medio perdido, que el sebo de animales alimentados con pasto es lo más parecido que hay al sebo que produce nuestra propia piel. Nuestro cuerpo básicamente ya lo reconoce. Eso tiene sentido, si lo piensas sin asco.
Así que un martes gris, llegó el paquete. Un bote de cristal pequeño. No parecía gran cosa. Lo abrí y… bueno, huele. No es un olor a crema perfumada. Es un olor a vainilla, pero no la vainilla de los postres. Es más… como si hubieran infundido vainilla en algo terroso. No sé describirlo bien. No es dulzón. Es cálido. Raro, pero en el buen sentido. La textura es extrañísima. Está batido, como una nata montada muy densa. Al tocarlo con el dedo está frío y firme, pero al frotarlo entre los dedos se derrite al instante. Se vuelve casi aceitoso. Ahí fue mi primer momento de “esto… ¿en mi cara?”.
Pero ya había pagado por él. Unos 25 euros, creo. Más barato que mi crema francesa fallida. Así que, con más fe que otra cosa, me puse una bolita minúscula.
Lo que hace este bálsamo de sebo con olor a vainilla
La primera sorpresa fue inmediata. No arde. Con mi piel tan irritada, todo solía escocer. Esto no. Se desliza. Y luego, la segunda sorpresa: desaparece. No deja una capa brillante o pegajosa. Simplemente se hunde. Como si mi piel dijera “ah, por fin, esto es lo que necesitaba”. No es magia. No es que al minuto parezca de porcelana. Es solo una sensación de… alivio. Como cuando te picas mucho y por fin dejas de rascarte.
Empecé a usarlo cada noche. Mi rutina se simplificó mucho: limpiar y esto. Nada más. Lo de usar bálsamo de sebo a diario se volvió normal. Incluso me gusta el ritual. Sacar la bolita, calentarla en los dedos, oler esa vainilla rara mientras me lo aplico. Es como mi pequeño gesto de invierno.
Y luego, después de una semana más o menos, vinieron los resultados de verdad. No una transformación dramática. Cosas pequeñas. La piel de alrededor de la nariz, que siempre se descamaba, estaba tranquila. La frente tenía menos de ese aspecto “apretado”. Una mañana me desperté y me toqué la mejilla sin pensar, y estaba… suave. No “suave-suave” artificial, sino suave de piel que no está peleándose contra el mundo. Incluso esas líneas finas de expresión junto a los ojos, las que parecen más marcadas cuando estoy deshidratada, parecían menos hambrientas. Como si alguien les hubiera dado de beber.
El mejor test fue un día de viento brutal, de esos que cortan la cara. Salí a hacer recados y normalmente llegaría a casa con la piel hecha polvo. Esa vez no. Llegé y mi cara seguía cómoda. No perfecta, pero cómoda. Eso para mí fue un game-changer. No es que el bálsamo sea una armadura, pero sí que le dio a mi piel los recursos para defenderse un poco mejor.
Mi piel después de unas semanas de sebo
Ahora llevo ya… ¿un mes y medio? Algo así. Ya no soy escéptica. Soy usuaria. El bote original de Etsy va por la mitad. He notado que lo uso para más cosas. Un poco en los codos, que siempre están como papel de lija. Un poco en los labios antes de dormir. Funciona.
No voy a decir que mi piel es ahora la de un bebé. Tengo 30 y pico años, he dormido mal y me gusta el café. Pero sí que está más tranquila. Más resistente. Ya no es lo primero en que pienso cuando me levanto. El “estrés” de la piel seca ha bajado mucho. Y eso, en pleno invierno, es casi un milagro.
También probé una pizca en una zona con un poco de eccema que me sale a veces en la mano. No es un medicamento, obvio, pero la picazón calmó bastante y la piel se reparó más rápido. Tiene sentido, si al final es pura grasa nutritiva y no hay veinte ingredientes raros que puedan irritar.
La verdad es que me he vuelto un poco pesada con el tema. Se lo comenté a mi hermana. “Oye, ¿sabías que hay cremas de sebo de vaca?”. Me miró como si estuviera loca. Pero luego me pidió probar el mío. Y ahora ella también tiene un bote camino de su casa. Es de esas cosas que, cuando funcionan, no puedes evitar contarlo.
¿Volvería a comprarlo?
Sí. De hecho, probablemente tenga que pedir otro pronto. Se me está acabando. La tienda de Etsy donde lo compré, La Ferme du Buis creo que se llama, lo hace a mano en Francia con sebo de vacas de pasto. Suena muy fancy, pero el producto es simple. Y a veces es lo simple lo que funciona.
Mira, si estás harta de probar cremas caras que prometen el cielo y no hacen nada, o si tu piel en invierno se vuelve un campo de batalla, esto puede ser un cambio de juego. No es glamuroso. Suena raro. Pero a mi piel le ha sentado de maravilla. Al final, cambiar a productos naturales de verdad a veces significa volver a cosas básicas, aunque al principio nos choquen.
Es como encontrar un jersey favorito y viejo. No es el más bonito del armario, pero es el que te abriga de verdad cuando hace frío. Este bálsamo es mi jersey favorito para la piel.
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Preguntas rápidas que me suelen hacer
¿El sebo de vaca es bueno para la cara? Pues sí, parece que sí. La explicación que leí, y que tiene sentido, es que la grasa de los animales rumiantes (el sebo) es muy similar en composición a los lípidos de nuestra propia piel. Nuestro cuerpo la reconoce fácilmente, así que la absorbe bien y la usa para reparar la barrera cutánea. No es una locura moderna, es algo que se ha usado durante siglos.
¿El bálsamo de sebo obstruye los poros? En mi experiencia, no. Al revés. Como se absorbe tan bien y no deja una película grasa encima, no me ha causado brotes ni puntos negros. Creo que si tu piel es muy, muy grasa quizá no sea lo ideal para todo el día, pero para piel seca o normal, o para usar de noche, va de lujo.
¿A qué huele el bálsamo de sebo Bourbon Vanilla? Es difícil de explicar. No huele a crema de vainilla de supermercado. Es un olor más profundo, más cálido. Como vainilla mezclada con algo… terroso, quizá. No es dulce empalagoso. A mí me recuerda un poco a las vainas de vainilla de verdad, no al extracto. Es reconfortante, raro pero agradable. Si esperas un perfume floral, no es eso. Si te gustan los olores naturales y un poco tostados, probablemente te guste.
En fin. Si tu piel está pasando un mal invierno y te pica la curiosidad, quizá merezca la pena echarle un vistazo a esto del tallow balm. A mí me ha cambiado la cara. Literalmente.
