Mi Piel en Invierno y el Bálsamo de Sebo de Pera: Una Historia Real
Estaba sentada en el sofá, un martes creo, con esa sensación en la cara. Ya sabes. Como si llevaras una máscara de barro que se hubiera secado y agrietado. Era enero, el aire era ese aire de Madrid que no es frío de verdad, solo seco y cortante, y mi piel lo estaba pagando. Había probado de todo. La crema cara de La Roche-Posay, la de CeraVe en el tarro azul, incluso una de Sephora que costó como cuarenta euros y olía a rosas artificiales. Nada. Mi frente parecía un mapa de caminos secos, y alrededor de la boca, uf, mejor no hablar. Entonces, por aburrimiento total, me metí en un agujero de Instagram de skincare natural y vi algo sobre manteca de sebo. Sebo. Como de vaca. Para la cara. Mi primer pensamiento fue, literalmente, “qué asco”. Pero luego pensé en los cuarenta euros de la crema de rosas que no hacía nada, y en que mis mejillas me escocían, y dije… bueno, ¿por qué no? Total, ya estaba desesperada. Pedí uno, el Whipped Tallow Balm con olor a pera, de una tiendita de Etsy que lo hacía en Francia. Y aquí estamos.
Cómo Empecé a Ponerme Grasa de Vaca en la Cara
Suena raro, lo sé. Cuando llegó el bote, era pequeño. Blanco. Muy sencillo. Lo abrí con escepticismo total, esperando un olor a barniz o a algo rancio. Pero no. Olía… a pera. Pero no a chuche, no a golosina. Era más sutil. Fresco. Como si hubieras partido una pera de verdad, de esas que no están demasiado maduras, y hubiera un poco de hierba recién cortada por ahí cerca. Me sorprendió. La textura era rara. No es una crema, no es un aceite. Es como una nata montada muy, muy espesa. Metes el dedo y se hunde pero ofrece resistencia. Se derrite al contacto con la piel al instante. No esperaba eso. Me puse un poco en el dorso de la mano para probar. Se fundió. No quedó grasa, ni brillo pegajoso. Solo… piel. Piel más suave. “Vale,” pensé. “Esto es intrigante.”
Aquí va una cosa random. Mientras lo probaba, sonó el timbre. Era el repartidor de Amazon con un paquete de papel de cocina que había pedido mi pareja. Le di las gracias, cerré la puerta, y me quedé mirando el bote de sebo. El contraste era tan absurdo. El mundo moderno de la compra en un clic y la entrega en un día, y yo aquí, con un frasco de grasa animal batida, un remedio que mi bisabuela probablemente habría reconocido. Fue un momento raro. Me reí sola en el pasillo. Volví al salón.
Por Qué el Sebo de Ternera Para la Piel Tiene Sentido (En Serio)
Entonces me puse a buscar, porque soy así de rara. ¿Por qué funcionaría esto? Resulta que el sebo, la grasa de la vaca, es lo más parecido que hay al sebo humano. A nuestro propio aceite natural de la piel. La ciencia es simple: tu piel lo reconoce, lo absorbe de verdad, no se queda ahí sentado como una capa de silicona fingiendo que hidrata. Este en concreto es de ternera alimentada con pasto, batido hasta que queda esponjoso. Lo hacen en Francia. Y para pieles como la mía, la piel seca de invierno que parece papel de lija, o para pieles sensibles que se ponen rojas con todo, o incluso para cosas como la psoriasis, parece que es un ingrediente estrella. No es magia. Es sentido común, pero de los de antes. Mi abuela me habría dado una palmada en la cabeza por gastar dinero en esto cuando “en mi pueblo se usaba y punto”. Tiene razón, abuela.
Así que esa primera noche, con más valentía que sentido común, me lavé la cara con mi limpiador normal (el de Cetaphil, el básico) y en vez de mi sérum caro, me puse un poco de esto. Una cantidad mínima, del tamaño de un guisante. Lo calenté entre las palmas y lo presioné sobre la cara, todavía húmeda. Esperé a que me diera urticaria o algo. Nada. Mi piel lo bebió. No quedé brillante. No olía a pera de manera intensa, solo un deje agradable. Me fui a la cama pensando “mañana me despertaré con granos o algo”.
Qué Pasó Con Mi Piel Después de Unas Semanas
No hubo granos. Al día siguiente, mi piel no estaba tirante. Eso ya era un milagro. Normalmente, a las dos horas de lavarme la cara, ya notaba la tirantez. Esa mañana, no. Seguí. Una vez al día, por la noche. A veces, en los días de frío brutal, un poquito también por la mañana en las zonas más secas, en las aletas de la nariz y entre las cejas. La caja de caminos secos de la frente empezó a difuminarse. No de un día para otro, pero a la semana, ya no se veía blanca al estirar la piel. A las dos semanas, la zona de alrededor de la boca, que siempre está un poco escamosa, estaba… normal. Lisa. No perfecta, pero normal. Ya no me escocía al sonreír.
El momento “oh, vaya” fue cuando me visitó mi madre. Ella tiene la piel súper sensible, con rosácea. Me vio el frasco en el baño y puso los ojos como platos. “¿Eso es sebo? ¿De animal?” Le conté mi experiencia. Se llevó una muestra minúscula en un tarrito de muestras. A la semana me llamó. “Oye, ¿de dónde era exactamente eso? Es que la crema que me recetó la dermatóloga me escuece, y esto no.” Ahí supe que no era cosa mía. No era el efecto placebo de gastar dinero. Mi madre, que es la persona más escéptica del universo, lo estaba pidiendo. Ahora las dos usamos lo mismo. Es gracioso.
Lo compré en una tienda de Etsy que se llama [NOMBRE DE LA TIENDA DE ETSY AQUÍ], por si a alguien le interesa. No es publicidad, es solo de donde vino el mío. El envío desde Francia tardó unos días, nada del otro mundo.
¿Voy a Comprarlo Otra Vez?
Sí. De hecho, ya estoy en el segundo bote. El primero me duró casi tres meses, usando un poco cada noche. Para ser tan pequeño, cunde una barbaridad. Lo uso principalmente en la cara, pero en pleno invierno, si las manos se me parten (porque lavo platos y no me pongo guantes, lo sé, soy un desastre), me pongo un poco en los nudillos. También funciona. No es milagroso para un corte, pero para esa piel seca y agrietada, la suaviza de verdad.
¿Es la solución definitiva para todo? No. No es un tratamiento anti-edad, no tiene SPF, no hace que desaparezcan las arrugas. Lo que hace, y lo hace muy bien, es reparar la barrera de la piel. La calma. La hidrata de una manera que ninguna crema con mil ingredientes ha logrado conmigo. Para la piel seca del invierno, para mí, ha sido un cambio de juego. Sencillo.
A veces pienso en todos los frascos bonitos y caros que tengo acumulados en el armario del baño, llenos de ingredientes que no puedo pronunciar, y me da la risa. Al final, el ganador es un tarrito blanco pequeño con grasa de vaca batida y olor a pera. La vida es rara.
Preguntas Rápidas Que Me Hacen
¿Es bueno el sebo de ternera para la cara? Pues mira, en mi experiencia, sí. La explicación que leí es que es muy similar a los aceites naturales de nuestra piel, así que la piel lo “reconoce” y lo absorbe bien, hidratando en profundidad sin obstruir.
¿El bálsamo de sebo obstruye los poros? A mí no me ha pasado, y tengo la piel mixta. Al contrario, como se absorbe tan bien, no se queda ahí encima como una capa grasa. Pero cada piel es un mundo, claro.
¿A qué huele el bálsamo de sebo de pera? Huele bien. A pera fresca, no empalagosa. Es un olor muy ligero, que desaparece al aplicarlo. No es como una colonia, es más… natural. Agradable.
Bueno, eso es todo. Si tu piel está pasando un mal invierno y estás harto de probar cosas, quizá merezca la pena echarle un vistazo a esto. Yo, desde luego, no voy a parar. Mi segundo bote ya está medio vacío.
