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Mi Piel y la Grasa de Vaca: La Verdad Sobre el Bálsamo de Sebo de Lavanda

2026-01-15 · Lavender

Fue un martes. Creo. Hacía frío, de ese frío que te parte las manos. Yo ahí, en el baño, mirando el estante. Tenía como seis botes de cremas. Una de ácido hialurónico que me costó 40 euros en la farmacia. Otra con retinol que me escocía. Una hidratante normal que parecía que me ponía agua del grifo. Y las manos, secas. Secas de verdad, con esas grietas al lado de los nudillos que duelen. Mi novio dijo “pareces un lagarto”. Gracias, cariño.

Total, que estaba harta. Y aburrida. Y en Instagram, entre reels de gatitos y recetas que nunca haré, me salió uno de un tarro de crema. Pero no crema crema. Era bálsamo de sebo de vaca. Sebo. Como la grasa. Lo leí otra vez. “Whipped Tallow Balm - Lavender”. Hecho en Francia. De vacas que comen hierba. Y yo pensando… ¿en serio? ¿Ponerme grasa de filete en la cara? Me reí. Pero no salí de la página. Hablaban de que era lo más parecido a lo que nuestra piel produce de forma natural. Y mi piel, la pobre, no producía nada bueno ese invierno. Así que, a las 11:47 de la noche, probablemente con una cerveza en la otra mano, le di a comprar. En una tienda de Etsy. 28 euros con el envío. “Bueno”, pensé, “peor fue lo del serum de 40”. Y me olvidé.

Cómo Empecé a Usar Sebo en la Cara (Sin Asco)

Llegó la cajita una semana después. Un tarro de cristal pequeño. Blanco. Muy simple. Lo abrí con escepticismo, preparada para oler a cocina o a algo raro.

No olía a cocina.

Olía a… lavanda. Pero no a lavanda de ambientador del Mercadona. Era más. Más herbal. Como las plantas de verdad. Tranquilo. No dulzón. Me metí el dedo. La textura era… interesante. No era cremosa como la Nivea de toda la vida. Era más densa, pero al tocarla se fundía. Se volvía casi aceitosa, pero no grasa. No sé. Es difícil de explicar. Era suave, pero no “suave al tacto” como dicen en las revistas. Era como una manteca muy fina. Me dio un poco de cosa, la verdad. Pero ya lo había pagado. Y mis manos parecían el mapa del desierto. Así que me puse un poco en el dorso de una mano. Y esperé.

Lo esperaba grasiento. Pegajoso. Que fuera a manchar el mando de la tele.

Pero no. Se absorbió. En serio. No dejó ese brillo aceitoso que deja la vaselina, por ejemplo. Mi piel lo chupó. Y quedó… calmada. Esa zona concreta. Menos tirante. Menos “lagarto”. Me sorprendió. “Vale”, dije en voz alta. “Interesante”.

Al día siguiente, me atreví con la cara. Después de lavarme por la noche. Una cantidad mínima, del tamaño de un guisante. La calenté un poco entre los dedos y la extendí. Olía a lavanda, a noche, a quietud. Fue… agradable. No una revelación. Agradable. Mi piel se sentía cómoda. Y a la mañana siguiente, no tenía ese brillo de pelota de fútbol que a veces me sale con otras cremas. Estaba normal. Equilibrada. Eso ya fue un punto a favor.

Por Qué el Sebo de Vaca Para la Piel Tiene Sentido (En Realidad)

Aquí es donde yo, que soy de ciencias justitas, me puse a leer un poco. Porque no me fío. Y la cosa tiene lógica, cuando lo piensas sin asco.

El sebo, el tallow, es la grasa de alrededor de los riñones de la vaca. Suena fatal. Pero cuando lo purifican y lo baten, queda esto. Y lo que tiene es que su composición de ácidos grasos es muy, muy parecida a la del sebo humano. A lo que nuestra piel produce de forma natural para protegerse. Entonces, la piel lo reconoce. No es un químico raro que le lanzas. Es como darle algo que ya entiende. Por eso lo absorbe tan bien. No se queda ahí encima, taponando. Penetra.

Mi rutina de skincare natural empezó sin querer, con este tarro. No fue un plan. Fue un “voy a probar esta locura”. Y funcionó. Para la psoriasis que a veces me sale en los codos (sí, glamurosísimo) fue un alivio casi inmediato. La picazón se calmó. La piel enrojeció menos. No es magia, no desapareció. Pero dejó de ser el centro de mi atención. Que ya es mucho.

Dejé de usar la crema de 40 euros. La de retinol la guardé para… no sé, para nunca. Este bálsamo de sebo para uso diario se convirtió en lo único que usaba por la noche. Y a veces por la mañana, en las zonas más secas. Es que es tan simple. Una cosa. No diez pasos. Abres el tarro, te pones un poco, y ya. Mi estante del baño respiró aliviado.

Mi Piel Después de Unas Semanas (Sin Dramatismos)

No voy a decir que tengo la piel de un bebé. Tengo 34 años y me gusta el vino. No es eso.

Es que mi piel está… contenta. Es la palabra. No brillante, no perfecta, no “irradiando juventud”. Contenta. Cómoda. Las grietas de las manos desaparecieron en una semana. Los codos ya no los siento como papel de lija cuando los apoyo en la mesa. La cara ya no tira después de la ducha con agua caliente. En invierno, eso es un milagro pequeño pero real.

Hubo un día, creo que era sábado, que me levanté y me toqué la cara sin pensar. Y me di cuenta. Estaba suave. No “suave” en plan anuncio. Suave de verdad, uniforme. Sin zonas ásperas junto a la nariz o en la frente. Me miré al espejo. Los poros no parecían más pequeños (no creo en esos milagros), pero la piel tenía un aspecto sano. Uniforme. No roja, no irritada, no seca. Sólo… piel. Como debería ser.

Esa fue la clave para mí. La falta de drama. No es un producto que “transforma”. Es uno que normaliza. Que devuelve a tu piel a su estado base, tranquilo. Después de años de bombardearla con ácidos, retinoides y promesas en frascos caros, esto fue como un respiro. Para ella y para mi cartera.

¿Compraría Otro Tarro?

Estoy escribiendo esto y el tarro está a mi lado. Le queda un tercio. Ya he mirado en la misma tienda de Etsy para pedir otro. Sí. Lo voy a reponer.

Le hablé de él a mi madre, que tiene la piel secísima. Al principio puso la misma cara que yo. “¿Sebo, hija?”. Le mandé un poco en un taper pequeño. Ahora me pide el enlace. A un amigo con eczema en las manos le conté. No es una cura, ojo. Pero como alivio, como bálsamo reparador, le fue bien.

No es para todo el mundo. Si tu piel es muy grasa, quizá no. Aunque dicen que al regular el sebo natural, puede ayudar. Yo no sé. Mi piel es normal-seca, y para mí ha sido el descubrimiento del año. El más raro, sin duda. Pero el más efectivo.

Cambiar a productos naturales sonaba a meollo, a complicación. Y al final ha sido lo más simple: un tarro de grasa de vaca batida con lavanda. Suena a chiste. Pero mi piel no se ríe. Está demasiado ocupada estando cómoda.

Así que si estás harta de tu estante lleno de cosas que no funcionan, si el invierno te está tratando mal, o si simplemente te pica la curiosidad… podría valer la pena probarlo. Yo me arriesgué una noche de martes, un poco a la desesperada. Y mira. Aquí sigo, usándolo.

Preguntas Rápidas Que Me Hacen

¿Es bueno el sebo de vaca para la cara? Pues sí, al menos para mí y para pieles secas o normales. La explicación que dan, y que a mi me cuadra, es que al ser tan similar a nuestros propios aceites, la piel lo absorbe de verdad y lo usa para repararse. No se queda ahí como una capa extraña.

¿El bálsamo de sebo obstruye los poros? En mi experiencia, no. Todo lo contrario. Como lo absorbe bien, no tapa nada. He tenido menos granitos desde que lo uso (y eso que antes con algunas cremas sí me salían). Pero cada piel es un mundo.

¿A qué huele el bálsamo de sebo de lavanda? A lavanda de la buena. No es un perfume artificial. Es herbal, relajante, como un campo en verano pero suave. No huele a carne ni a nada raro, para nada. El olor a lavanda es lo primero que notas. Y es muy agradable, sobre todo por la noche.

Bueno, ya está. Mi historia de amor con la grasa de vaca. Nunca lo hubiera dicho. La vida es rara. A veces la solución está en un tarro pequeño de Etsy que suena a remedio de la abuela. Pero funciona. Y al final, eso es lo único que importa, ¿no?

Whipped Tallow Balm - Lavender

Whipped Tallow Balm - Lavender

Grass-fed whipped tallow balm

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